viernes, 10 de julio de 2009

Cocinados en su propia salsa

Estas dos últimas semanas se han escrito excelentes artículos sobre las causas de la derrota del gobierno en las urnas en las elecciones del 28 de junio. Quisiera referirme a dos de ellos para luego sacar una conclusión. Eduardo Fidanza enumera -en su artículo publicado en La Nación- varias lecciones de la sociología que los Kirchner despreciaron. Señala que:
Detrás de la angustia y el mal humor que provocaba la inflación se escondía un hecho clave: aumentaban los precios y el Gobierno los negaba, falsificando con torpeza las estadísticas. La gente se sintió burlada. Pero la peor parte la llevaron los sectores populares, tradicional base electoral del peronismo: ellos fueron, a la vez, engañados en su buena fe y despojados de la capacidad adquisitiva de sus ingresos.

El sociólogo norteamericano Charles Wright Mills enseñó algo elemental que los Kirchner no tuvieron en cuenta: las personas comunes estructuran su conocimiento a través de dos canales: uno es la experiencia directa, que se verifica en la vida familiar, el vecindario, los medios de transporte, el trabajo y el consumo; el otro son los informes que reciben sobre los ámbitos en los que no están directamente involucrados. Por eso a la hora de engañar pueden pergeñarse fábulas acerca de lo que ocurre en los palacios, pero no de lo que sucede en la calle.

En el segundo artículo titulado “El costo político de la distorsión del INDEC” Ernesto Kritz explica que,
el Gobierno fue víctima de las distorsiones que él mismo introdujo en las estadísticas sociales, y de las decisiones derivadas de éstas. En la base de estos errores está la subestimación de la pobreza a la mitad de la realmente existente; pero lo más importante desde el punto de vista de su estrategia, es que, al asumir como válida esta medición errónea de la pobreza -esto es, al no reconocer las distorsiones del INDEC- redujo significativamente en términos reales los recursos de los planes sociales.

[…] la valuación de la canasta con los precios relevados en forma independiente en el mercado muestra un alza del 57%, cinco veces más que lo reportado por el organismo oficial. Haciendo la corrección pertinente, debe concluirse no sólo que la pobreza creció desde 2007, sino que -lo que es relevante para explicar el resultado electoral- el gasto asistencial real por persona en estado de pobreza extrema cayó cerca del 30 por ciento.

En mis palabras yo diría que los principales responsables de la derrota electoral –después de Reina Cristina y de su Jefe de campaña- fueron Redrado y Moreno. El primero por no haber sabido controlar la inflación que deterioró el poder adquisitivo y las expectativas, y el segundo por haber destruido las mediciones del INDEC lo que provocó –además de otras nefastas consecuencias- la caída del gasto asistencial real a los hogares más pobres.

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