Mostrando las entradas con la etiqueta 3. Política Fiscal. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta 3. Política Fiscal. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de noviembre de 2023

Nota de opinión de economistas extranjeros, supuestos críticos y los peligros del programa económico de Milei

Hay una nota firmada por 108 economistas extranjeros, muchos de ellos prestigiosos, que se titula “Los peligros del programa económico de Javier Milei en Argentina.” Ninguno de esos economistas ha estudiado en particular los problemas de la economía argentina y recurren entonces a prescripciones universales independientes del contexto, lo que es un error. Señalan que las propuestas de Milei “arraigadas en la economía del laissez-faire [dejar hacer al mercado], incluyen ideas polémicas como la dolarización y reducciones significativas del gasto público” que son potencialmente muy perjudiciales para la economía. Aciertan en su apreciación sobre la dolarización porque la respuesta convencional que proporciona el modelo estándar, basado en el supuesto crítico de la inflexibilidad de precios a la baja, es correcta. No hay manera de absorber shocks reales negativos de origen externo si no se dispone de cierta flexibilidad cambiaria como lamentablemente lo demostró la experiencia de la Convertibilidad. 

Sin embargo, cuando afirman que reducciones significativas del gasto público serían perjudiciales para la economía argentina se equivocan totalmente. Esto ocurre, porque utilizan un modelo estándar basado en supuestos críticos poco realistas (que no reflejan el contexto argentino), lo que proporciona una respuesta equivocada. En efecto, el modelo estándar supone que la política fiscal no afecta al tipo de cambio real y esto es válido para el caso de los países desarrollados. En Argentina, por el contrario, mayor déficit fiscal implica un tipo de cambio real más bajo, y menos exportaciones netas. Argentina es el país que más crisis cambiarias ha tenido en los últimos 50 años, y esto se debe a tipos de cambios bajos y desalineados, provocados por políticas fiscales irresponsables y populismo macroeconómico. En realidad, el problema había comenzado mucho antes cuando Perón en la década de 1940 aumentó en 10 puntos del PIB el gasto público, pero el golpe de gracia lo dio el kirchnerismo en este siglo aumentando otros 10 puntos adicionales el gasto público. En la actualidad con un gasto público primario consolidado de 38% del PIB no hay manera que la economía crezca ni que aumenten las exportaciones de manera sostenida. En ese sentido, la propuesta de Milei de reducir el gasto público es acertada y apunta a eliminar el principal obstáculo al crecimiento de la economía argentina (junto con el cepo). Quizás esta política esté motivada únicamente por su concepción ideológica y no responda a un análisis preciso de los problemas macro del país, pero lo relevantes es que es correcta y apunta a resolver los problemas del crecimiento de la Argentina. 

Otra dimensión que ignoran los 108 economistas extranjeros que firmaron la nota es que en Argentina predominan instituciones económicas y políticas extractivas, que han llegado a su máxima expresión en la gestión Kirchner y Massa. Esas gestiones han capturado el Estado y lo utilizan en beneficio propio y de sus militantes. El caso actual más relevante es el de las autorizaciones de importación a través de los permisos de las SIRA y el capitalismo de amigos y corrupción que envuelve el sistema. En ese sentido las reformas económicas propuestas por Milei de eliminar la emisión, equilibrio fiscal, desregular los mercados, eliminar prohibiciones y trabas burocráticas en el comercio exterior, integrarnos al mundo, que los mercados competitivos funcionen, etc., nos garantizan que tendremos instituciones económicas mas inclusivas que en una supuesta gestión de Massa. Hay otros temas que no comparto, como la falta de preocupación por la degradación del medio ambiente, la negación de la existencia de fallas de mercado, vouchers para educación, etc., pero en comparación con el carácter extractivo de las políticas vigentes (brecha cambiaria superior al 100%, capitalismo de amigos, captura de la justicia y organismos de control del Estado por militantes), son temas de segundo orden. 

El punto débil de Milei que me preocupa es su carácter autoritario y falta de pluralismo, lo que no ayuda a consolidar instituciones políticas inclusivas tan necesarias al crecimiento sostenido. 

En síntesis, los supuestos peligros del programa económico de Milei son infundados cuando tenemos en cuenta el contexto institucional de la Argentina y los supuestos críticos equivocados que incorporan en su análisis los economistas extranjeros. Existen sí, riesgos en cuanto a poder generar una convivencia política más civilizada, pero en todo caso nuestras instituciones han demostrado suficiente solidez para garantizar la alternancia democrática. 


Nota original en inglés y firmas

Traducción de la nota:

Los peligros del programa económico de Javier Milei en Argentina

Como economistas de todo el mundo partidarios de un desarrollo económico amplio en Argentina, nos preocupa particularmente el programa económico de uno de los candidatos, que se ha convertido en uno de los principales temas de debate en las elecciones nacionales. Dadas las frecuentes crisis financieras de Argentina y los recurrentes brotes de inflación altísima, es totalmente comprensible que exista un deseo profundamente arraigado de estabilidad económica. Sin embargo, aunque las soluciones aparentemente sencillas puedan resultar atractivas, es probable que causen más estragos en el mundo real a corto plazo, al tiempo que reducen gravemente el espacio de maniobra de las políticas a largo plazo.

Las propuestas económicas de Javier Milei se presentan como una ruptura radical con el pensamiento económico tradicional. Sin embargo, creemos que estas propuestas, arraigadas en la economía del laissez-faire [dejar hacer al mercado] y que incluyen ideas polémicas como la dolarización y reducciones significativas del gasto público, están plagadas de riesgos que las hacen potencialmente muy perjudiciales para la economía y el pueblo argentinos.

La visión económica que subyace a estas propuestas aboga supuestamente por una intervención mínima del gobierno en el mercado, pero en realidad se basa en gran medida en políticas estatales para proteger a los que ya son económicamente poderosos. Las reducciones de los tipos impositivos y del gasto público hacen que muchos bienes y servicios esenciales pasen de la prestación pública a proveedores comerciales privados, lo que les enriquece a ellos pero reduce el acceso de los ciudadanos de a pie, especialmente los pobres. La propuesta de dolarización pretende sustituir el peso argentino por el dólar estadounidense como moneda nacional. Ambas ideas pueden parecer atractivas por su simplicidad y sus promesas de una solución rápida para controlar la inflación y la inestabilidad. Pero no reconocen las principales realidades económicas. El modelo del laissez-faire supone que los mercados funcionan perfectamente si el gobierno no interviene. Pero los mercados no regulados no son benignos: refuerzan unas relaciones de poder desiguales que empeoran la desigualdad y dificultan la aplicación de políticas de desarrollo clave, incluidas las políticas industriales, sociales y medioambientales. En Argentina, como en la mayoría de los países con estructuras económicas complejas y problemas de desigualdad de ingresos y activos, inflación y deuda externa, se necesitan políticas matizadas y polifacéticas que reconozcan las necesidades de los distintos grupos sociales. Los mercados también son propensos a los fallos, provocados por las externalidades (cuando todos los beneficios o costes no pueden atribuirse a agentes individuales) y la asimetría de la información (cuando algunos agentes de un mercado saben más que otros). La crisis financiera mundial de 2008 demostró que una regulación inadecuada de los mercados puede tener consecuencias desastrosas. La experiencia de la pandemia de Covid-19 aportó más pruebas de la necesidad de la intervención pública.

Los argentinos están demasiado familiarizados con el dolor de la economía del laissez-faire impuesta por prestamistas internacionales como el FMI, que en el pasado aumentó la pobreza y la inseguridad económica e inhibió el desarrollo del país. El programa propuesto por Milei crearía más desigualdad socioeconómica al reducir el papel del Estado en la redistribución y el bienestar social. Una reducción importante del gasto público aumentaría los ya elevados niveles de pobreza y desigualdad, y podría provocar un aumento significativo de las tensiones y los conflictos sociales. La idea de Milei de recortar drásticamente los impuestos al tiempo que se reduce el gasto público reduciría significativamente la capacidad del Estado para satisfacer los derechos sociales y económicos de los ciudadanos. Entretanto, nuevas reducciones de los ingresos fiscales del Estado agravarían la crisis fiscal.

Del mismo modo, la dolarización parece ofrecer una solución al problema crónico de inflación de Argentina, y podría resultar tentadora cuando el valor de los ahorros y la capacidad de consumo se vean diezmados por una inflación galopante. La actual escasez de reservas de divisas haría que el tipo de conversión inicial del peso al dólar fuera tan alto que generaría más inflación. Esto significa una disminución de los salarios reales, de modo que la posterior reducción de la inflación se lograría mediante una importante caída de la participación del trabajo en la renta nacional, haciendo recaer la carga del ajuste sobre los trabajadores. La dolarización también implica la imposibilidad a largo plazo de construir la soberanía monetaria. También en este caso, la experiencia pasada de Argentina con la protodolarización (el acuerdo dela Caja de Conversión de los años 90) creó una breve ilusión de estabilidad, pero afectó negativamente a la economía real. Generó desempleo y pérdidas de ingresos reales para los trabajadores y, finalmente, condujo a una crisis aún mayor en 2001 debido a las restricciones fiscales y monetarias de la vinculación peso-dólar.

En resumen, las propuestas de dolarización y austeridad fiscal de Javier Milei pasan por alto las complejidades de las economías modernas, ignoran las lecciones de las crisis históricas y abren la puerta a la acentuación de desigualdades ya de por sí graves. Mientras Argentina navega por su complejo panorama económico, es fundamental abordar la formulación de políticas con estrategias equilibradas y empíricamente fundamentadas que no sólo sean atractivas a corto plazo, sino también sostenibles, equitativas y facilitadoras a largo plazo.

domingo, 4 de noviembre de 2012

La Política Populista de Redistribución del Ingreso

El martes pasado falleció Adolfo Canitrot (1928-2012), brillante macroeconomista argentino por cuyos trabajos tuve particular aprecio. Supongo que mi interés, dejando de lado algún tipo de afinidad ideológica, se debe al enfoque aplicado y orientado a resolver problemas prácticos que lo caracterizaban, propio de su formación de ingeniero.

Gregory Mankiw (2006) en “El macroeconomista como científico y como ingeniero” señala que
[la macroeconomía] ha evolucionado a través de los esfuerzos de dos tipos de macroeconomistas, aquellos que entienden a la macro como un tipo de ingeniería y aquellos a quienes les gustaría que el campo se pareciera más a una ciencia. Los ingenieros son antes que nada quienes resuelven problemas. Por el contrario, la meta de los científicos es entender cómo funciona el mundo. El énfasis de la investigación de los macroeconomistas ha variado con el tiempo entre estos dos principios. Mientras los primeros macroeconomistas eran ingenieros que intentaban resolver problemas prácticos, los macroeconomistas de las últimas décadas han estado más interesados en desarrollar herramientas analíticas y establecer principios teóricos. Sin embargo, estas herramientas y principios han sido lentos para encontrar su forma en las aplicaciones.
Canitrot formaba parte de la vieja guardia y en función de ello recibió el Diploma al mérito de la Fundación Konex (1996) en humanidades, en la categoría Análisis Económico Aplicado. 

A continuación les dejo un resumen de su trabajo, La experiencia populista de redistribución de ingresos, Desarrollo Económico, 1975, que durante muchos años utilice para explicar, a futuros contadores y administradores, las erradas políticas distributivas aplicadas en Argentina en el pasado. En los últimos siete años había decidido no abordar más el tema pensando que era una etapa superada. Lamentablemente la política económica del kirchnerismo repite los errores del pasado y el modelo estilizado de la economía argentina descripto por Adolfo Canitrot vuelve a tener vigencia.

Canitrot (1975) señala que hubo tres casos de políticas populistas de redistribución del ingreso en la historia económica argentina.
  1. El período 1946-1952 en el gobierno de Juan Perón
  2. El gobierno radical de Arturo Illia entre 1963-1966
  3. El gobierno peronista de 1973-1975
[Podríamos también incluir en ese listado el período 1983-1985 y el período 2007-2012.]

Tanto en 1966 como en 1975, estas políticas desembocaron en golpes militares, y la política económica del ministro de economía Bernardo Grinspun casi termina en 1985 en la hiperinflación.

El objetivo de estas políticas era mejorar las condiciones de vida de los sectores de medianos y bajos ingresos, sin embargo, como es conocido, los intentos de redistribución del ingreso propios del populismo, esto es, vía aumentos salariales no relacionados con incrementos en la productividad, fracasaron dado que no pudieron mantenerse. La redistribución se sostuvo uno o dos años, y luego retrocedió, erosionada por la inflación o invertida abruptamente por la aplicación de políticas de signo contrario. En el artículo que estamos resumiendo, Canitrot (1975) analiza las razones económicas de ese fracaso.

 La pregunta importante que se plantea es saber si el retroceso que siguió a las experiencias populistas de redistribución se debe a la acción deliberada de grupos de intereses que reaccionan ante la pérdida de sus prerrogativas económicas y de poder, tesis que favorecen tanto políticos peronistas como radicales, o a las propias características de esas experiencias que engendran, al ponerse en marcha, los elementos objetivos de su propia autodestrucción; tesis que sostiene Adolfo Canitrot.

El modelo del funcionamiento de la economía Argentina aquí presentado tiene como precursores a los trabajos de Carlos F. Díaz Alejandro (1963), y Oscar Braun y Leonard Joy (1968), y como toda simplificación de la realidad, deja muchos temas de lado. Sin embargo, su valor reside en la capacidad para explicar las recurrentes crisis por las que atravesó la economía Argentina en las décadas pasadas.

Se supone que la economía argentina esta representada por dos sectores: un sector agropecuario y un sector industrial. El sector agropecuario es un sector exportador que trabaja en condiciones de pleno empleo. Produce bienes que pueden ser exportados o destinados al mercado interno. El sector industrial sólo produce para el mercado interno y admite desempleo cuando la demanda agregada es insuficiente. Es el sector importador porque requiere insumos y bienes de capital extranjeros para su funcionamiento. Los asalariados gastan su ingreso íntegramente en bienes de consumo producidos por el sector agropecuario y el sector industrial. La oferta de bienes agropecuarios es fija ya que hay pleno empleo.
Todo aumento de la demanda interna sólo puede satisfacerse en detrimento del monto de las exportaciones (X). Cuanto más alto es el precio de los bienes agropecuarios –a salario nominal constante- menor es la cantidad demanda en el mercado interno por los asalariados y mayores son los saldos exportables. El precio agropecuario (PA), sin embargo, no se determina en el mercado interno, sino que depende del precio internacional (PA*) y del tipo de cambio (E).

La demanda interna de bienes agropecuarios se postula inelástica a las variaciones de precios. Esto se debe al carácter de primera necesidad que poseen los bienes agropecuarios. Un aumento en el precio interno de dichos bienes reduce la cantidad demandada internamente pero aumenta el gasto que hacen los asalariados en ellos. Esto tiene consecuencias importantes ya que, a ingresos constantes, un aumento del precio de los bienes agropecuarios disminuye el gasto de los asalariados en bienes del sector industrial.

Si el gasto total de los asalariados es:

GastoTotal = w L
                    = PAQA + PIQI

Un aumento de PA implica entonces una disminución de PIQI.

En el sector industrial los empresarios procuran mantener el valor unitario de sus beneficios. Ante cambios en la magnitud de la demanda modifican la cantidad vendida y producida sin alterar los precios. Ante cambios en los precios de los insumos, o de la mano de obra, elevan proporcionalmente los precios del producto final. Estas reglas son compatibles con curvas de costo de producción constante.


El rectángulo refleja el monto de las importaciones de insumos necesarios a la producción del sector industrial.

¿Cómo funciona el modelo? Hay tres variables (exógenas) que el gobierno puede modificar:

  • El precio de los bienes agropecuarios (PA) alterando el tipo de cambio (E). 
  • El precio de los insumos importados y en consecuencia de los bienes industriales (PI), también mediante la política cambiaria. 
  • El salario nominal de los trabajadores (w). 
Un cambio en cualquiera de estas tres variables tiene consecuencias sobre el conjunto de variables dependientes del modelo: exportaciones, importaciones, precio de los bienes del sector industrial, nivel de actividad de este sector, empleo urbano, beneficios de los empresarios rurales y urbanos, salario real.  

Analicemos el caso de un aumento del salario nominal, es decir la política de redistribución de los ingresos en favor de los asalariados.


El aumento de los salarios produce dos cambios en el gráfico. Por un lado sube el precio de los bienes industriales ya que los empresarios trasladan los mayores costos salariales al precio final, y por el otro aumenta la demanda de esos bienes ya que aumenta el ingreso de los asalariados. El aumento de la demanda genera aumentos en la producción y el empleo. Lo que produce un aumento adicional en la demanda al haber aumentado la masa salarial porque hay más trabajadores empleados, y el proceso continúa. 

El aumento de la masa salarial, primero por aumento del salario, luego por el incremento en el número de trabajadores empleados también da lugar a sucesivos aumentos en la demanda de bienes agropecuarios como puede observarse en el gráfico de la página siguiente. El precio de los bienes agropecuarios se mantiene constante ya que el gobierno ejerce su control sobre ellos. 

Los aumentos de salarios nominales, en cambio, crean una situación expansiva, como resultado del incremento del poder adquisitivo de los asalariados. Hay una expansión de la demanda tanto de bienes agropecuarios como industriales, y en el caso del sector industrial un aumento del nivel de actividad. 

El ajuste de los precios industriales a los nuevos costos –resultantes del aumento de salarios- se da en un contexto expansivo, donde el proceso inflacionario no encuentra frenos a su tendencia inherente a la aceleración. Durante el proceso, salarios y precios industriales suben permanentemente, mientras los precios agropecuarios –controlados políticamente- tienden a quedar atrás. El nivel de empleo y actividad industrial se expanden mientras la balanza comercial se deteriora tanto por la caída de las exportaciones como por el incremento de las importaciones. En realidad el aumento en el salario real se debía esencialmente a la caída relativa de los tres precios controlados (Precios del agro, alquileres y tarifas públicas).
Los tres precios constituyen una parte muy importante de la canasta familiar. Son estos los sectores que pagan la redistribución de ingresos (en el corto plazo) a favor de los asalariados. Pero la redistribución es transitoria porque la oferta de estas tres actividades se deteriora, no hay inversión, los precios aumentan y la redistribución se esfuma.

La redistribución progresiva de ingresos encontraba en Argentina los mismos límites que hubiera encontrado en países con mayor nivel de desarrollo: la restricción externa y la necesidad de invertir (acumulación de capital). El conflicto entre distribución y acumulación, en otras palabras, el conflicto entre salarios y beneficios, se manifiesta violentamente en situación de empleo pleno. Cuando hay recursos y trabajadores ociosos, la expansión de la actividad económica puede hacerse favoreciendo tanto salarios como beneficios industriales.

Es esta doble situación la que hace posible, y a la vez limita, la política populista. La alianza política del populismo nace en la recesión y se propone un programa expansivo. Asalariados y burguesía industrial tienen entonces intereses complementarios, mientras los empresarios rurales quedan en la oposición. El éxito del programa destruye el elemento constitutivo de la alianza. Al aproximarse al pleno empleo, los intereses conflictivos reemplazan a los complementarios. El conflicto se hace muy intenso porque se desarrolla en medio de un contexto inflacionario explosivo, que es el resultante de utilizar el incremento de salarios como instrumento de expansión de la demanda. En menor o mayor plazo la alianza se destruye, la burguesía industrial se inclina hacia una nueva alianza con los sectores rurales, el populismo termina enredado en sus propias contradicciones y un nuevo programa de orden y recesión emerge.

La devaluación que surgía como una de las principales medidas del gobierno que asumía con el golpe militar respaldado por la nueva alianza de la burguesía industrial con los grandes propietarios del sector agropecuario, tenía las siguientes consecuencias.

El aumento de los precios agropecuarios (ΔPA) debido a la devaluación (ΔE) produce los siguientes efectos:
Se observa una disminución en la cantidad demandada de bienes del agro por parte de los asalariados con el correlativo aumento de los saldos exportables que pasan de X a X’. Además como la demanda de los asalariados sobre dichos bienes es inelástica, mismo si la cantidad demandada disminuye, el gasto de los asalariados en este tipo de bienes aumenta junto con el aumento de los precios del agro. El rectángulo OQ2D2P’A es mayor que el rectángulo OQ1D1PA. Como el ingreso nominal de los trabajadores (w) y el volumen de empleo (L) se mantienen hasta ahora constantes, el mayor gasto de los asalariados en productos agropecuarios necesariamente implica una reducción de la capacidad de gasto en bienes del sector industrial. Es decir, la demanda por bienes de consumo del sector industrial disminuye a precios constantes.

La reacción de los empresarios industriales ante la caída de la demanda es procurar el mantenimiento de los beneficios unitarios, reduciendo el nivel de actividad y con él el monto de la demanda de trabajo. El empleo urbano disminuye y, a salarios nominales constantes, el ingreso total de los trabajadores también. La reducción del empleo y del ingreso baja aún más, en una segunda instancia, la capacidad de gasto de los asalariados y por lo tanto la demanda de bienes del sector industrial.
Si los empresarios industriales reaccionan nuevamente cortando el volumen de empleo, dan lugar a posteriores disminuciones de la demanda y del empleo causadas mutua y sucesivamente, la producción converge hacia QN ya que las disminuciones cada vez son menores como se observa en el gráfico. La progresiva caída del nivel de actividad del sector industrial y del empleo e ingreso de los asalariados durante el proceso de multiplicación afecta en dos sentidos a la balanza comercial. Por un lado, la reducción de la demanda interna por bienes agropecuarios incrementa aún más los saldos exportables.
Por otro lado, el saldo de la balanza comercial también mejora al reducirse las importaciones de insumos para el sector industrial. La devaluación restableció el saldo de la balanza comercial pero condujo a la recesión.

En la recurrencia de las fluctuaciones es clave el papel de la burguesía industrial. Para ella el proyecto populista es un programa en común con los asalariados basado en el incremento de los salarios. Alternativamente, el proyecto de orden y recesión es un proyecto en común con la burguesía rural basado en el incremento de los precios agropecuarios.

El proyecto propio de la burguesía industrial era el proyecto de la demanda agregada autónoma (independiente del nivel salarial): Inversión, exportaciones industriales y sustitución de importaciones. Este proyecto no logró vigencia en el país como consecuencia de la debilidad política de la burguesía industrial. Las empresas nacionales eran débiles y las empresas fuertes en su mayor parte eran extranjeras. La burguesía nacional no había podido construir un programa de integración con el sistema de grandes empresas multinacionales que fuera, a la vez, económicamente rentable y políticamente aceptable. En ausencia de este programa se acoplaba a programas ajenos de distinto signo. En esas condiciones de capitalistas débiles y sindicatos fuertes, el capitalismo argentino era una experiencia contradictoria.

lunes, 10 de octubre de 2011

¿Mala praxis en el manejo de la política fiscal

Con motivo de mi participación en el panel de "Política fiscal en contextos de crisis" en las 44º Jornadas Internacionales de Finanzas Públicas actualizamos con Matías Escudero los datos del trabajo sobre “El resultado fiscal estructural en la Argentina 1983-2010” que ya presentamos en este blog. Ahora tenemos resultados sobre el desempeño fiscal hasta el segundo trimestre del 2011.
Aquí van los principales gráficos:

Brecha del PIB

Ya estamos nuevamente un 4.5% por encima del producto potencial, y lo que es más grave el superávit primario estructural es negativo, o sea hay un déficit de 0.6% del PIB. En el pasado con ese nivel de déficit primario la economía ha estado en problemas (comienzo de la democracia, hiperinflación, comienzo de la recesión del final de la Convertibilidad), por lo que urge recomponer el resultado primario.

Superavit primario estructural

También hemos calculado el impulso fiscal como el cambio en el superávit primario estructural entre dos períodos consecutivos. Un aumento del superávit (barra en el cuadrante positivo) constituye un fortalecimiento de la posición fiscal y está asociado a una menor presión del gobierno sobre la demanda agregada. Por el contrario, una disminución del superávit estructural (barra en el cuadrante negativo) representa un debilitamiento de la posición fiscal vinculada a una mayor presión del sector público sobre la demanda agregada.
El gráfico muestra que la política fiscal del último quinquenio ha sido probablemente la más expansiva de las últimas tres décadas.

Impulso fiscal

Ahora bien, en una economía en recesión, con recursos ociosos y desempleo coyuntural, posiblemente esta hubiese sido una política acertada, pero, ¿fue esta la situación de Argentina en el último lustro? En términos más generales nos interesa saber si, a partir del 2002:1, la política fiscal fue contracíclica -como sugiere la teoría de la política económica- o fue procíclica, esto es, algo más parecido a la mala praxis.
Aquí va un gráfico (no presentado en el panel de las Jornadas) dónde se combinan dos de los gráficos anteriores, la brecha del PIB (eje vertical) y el impulso fiscal (eje horizontal). Quedan definidos entonces cuatro cuadrantes, dos que caracterizan a trimestres con políticas fiscales procíclicas (superior izquierdo o inferior derecho) y dos en los cuales la política fiscal fue contracíclica (superior derecho o inferior izquierdo).

Brecha del PIB e impulso fiscal

Lamentablemente, en la mayoría de los trimestres la economía se ubico en cuadrantes con políticas fiscales procíclicas, debilitando la posición fiscal cuando estábamos por encima del producto potencial, o fortaleciendo la posición fiscal cuando estábamos con recursos ociosos. Nótese que este último caso suele ser la consecuencia no deseada (impuesta por el mercado) de no haber hecho las cosas bien (ahorrar en época de vacas gordas), y es lo que podría llegar a pasar en un futuro cercano si el viento comienza a soplar en contra.

jueves, 27 de enero de 2011

Ya no hay más superávit fiscal estructural

Más allá de sus desaciertos, el modelo K se construyó sobre la base de dos pilares sólidos, el superávit fiscal y el superávit en las cuentas externas. Néstor Kirchner posiblemente desconocía los alcances macroeconómicos de su política de superávit gemelos, pero era un acérrimo defensor de la misma, porque en el armado de su estrategia de poder sabía que estos dos elementos eran imprescindibles para garantizarse la autonomía en la toma de decisiones. La idea era además acertada porque las recurrentes crisis macroeconómicas de las últimas décadas habían sido provocadas por déficit gemelos insostenibles.

En esta nota focalizaremos el análisis en uno de esos pilares: el superávit primario, esto es, el superávit fiscal antes del pago de los intereses de la deuda pública. Los breves comentarios y conclusiones que aquí presentaremos forman parte de un trabajo que realizamos con Matías Escudero y que fueron presentados en el XXIII Seminario regional de política fiscal, CEPAL, Santiago, 18 al 21 de enero 2011.

La línea plena del gráfico muestra el resultado primario del sector público nacional no financiero en porcentaje del PIB, en las últimas 3 décadas. Hay que reconocer que, desde la vuelta a la democracia, no hay ningún gobierno que haya tenido mejor desempeño que el de Kirchner considerando este indicador.

El superávit primario estructural (% del PIB)


En efecto, el superávit primario promedio durante el gobierno de Néstor Kirchner fue de 3.3%, frente al 0.5% del PIB promedio de la segunda mitad de la Convertibilidad. Luego, durante el mandato de Cristina, el superávit primario cayó bruscamente en 2009, en medio de la crisis financiera internacional, y hasta dónde llevan nuestros datos (2do. Trimestre del 2010) no pareciera haberse recuperado. Computando el pago de los intereses de la deuda estaríamos en zona de déficit.

Un análisis más preciso del desempeño fiscal requiere estimar el resultado fiscal estructural, que elimina los efectos transitorios que sobre la recaudación y el gasto, genera una economía que no evoluciona a lo largo del producto potencial. El resultado fiscal estructural, representa entonces, el saldo presupuestario hipotético que debería observarse si la economía estuviese en situación de pleno empleo y el precio de los commodities en su valor de equilibrio de largo plazo. La línea punteada del gráfico representa una estimación de este concepto y permite detectar algunas tendencias que permanecían ocultas a simple vista.

En efecto, a partir de 1997 en la Convertibilidad, se percibe un sistemático esfuerzo tendiente a mejorar las cuentas públicas, que no se traduce concretamente en términos de una mejora en el resultado fiscal primario observado, porque la recaudación cae al ritmo de recesión y la brecha del PIB se amplía vertiginosamente. De alguna manera, esta observación estaría convalidando la tesis de que la Convertibilidad no colapsó por el mal manejo fiscal de la segunda mitad de la década (el superávit fiscal estructural creció permanentemente en 1997-2001), sino que, la dinámica macroeconómica generada por el atraso cambiario impedían que la mejora fiscal se materializase.

Abandonada la Convertibilidad en el 2002, las cuentas fiscales se corrigen, en parte automáticamente y en parte por la introducción de las retenciones a las exportaciones que aportan más de 2 puntos del PIB de recaudación. Esta bonanza fiscal dura algunos años, sin embargo la situación es sana sólo en apariencia. A partir del 2004, se observa un sistemático deterioro en el resultado primario, que permanece oculto hasta la crisis internacional del 2008-2009, dado que la economía evolucionaba por encima del producto potencial. Esto puede percibirse claramente analizando la evolución de superávit primario estructural (línea punteada). Partiendo de 4.5% del PIB, llega a mediados del 2010 a un escaso 0.5%. Nótese también como la eliminación del sistema de jubilación por capitalización provoca una mejora transitoria en el superávit estructural hacia fines del período, aunque dicha mejora rápidamente se erosiona y el resultado retoma la tendencia decreciente del último quinquenio.

En la pos-convertibilidad se observa un fenómeno similar al de la primera mitad de los ’90, en ambos casos el gasto público se expande vertiginosamente generando el deterioro de las cuentas fiscales. Pareciera que los problemas fiscales tienden a incubarse en las épocas de bonanza económica y luego se torna difícil evitar sus consecuencias. Existiría entonces, la necesidad de implementar una política fiscal contracíclica.

Hacia futuro, proponemos una regla de superávit primario estructural de 2% del PIB, para suavizar el ciclo económico y para mitigar el potencial problema de la “maldición de los recursos”. En Chile, la regla que se implementó preveía un valor de un 1% del PIB. En el caso argentino, el monto debería ser algo mayor, ya que en las últimas tres décadas, el superávit primario requerido para mantener constante el ratio de deuda pública neta sobre PIB ha oscilado en torno del 2% del PIB.

domingo, 2 de mayo de 2010

La salida de Grecia del Euro

Paul Krugman explica en su blog porque la devaluación ayudaría a que la economía griega pueda resolver sus problemas. La idea es que …

La flexibilidad del tipo de cambio no resuelve, en sí mismo, los problemas fiscales, pero hace más fácil su resolución.

Compartimos esas apreciaciones, y hemos anticipad0 la razón por la cual la salida de Grecia del Euro será inevitable.

martes, 27 de abril de 2010

Inflación: ¿El gobierno es miope o se hace …?

José María Fanelli en su columna mensual del Observatorio Económico de la Red Mercosur analiza la apuesta del gobierno del gobierno de no “ajustar” (mantener la expansión del gasto público) para revertir los malos resultados electorales, con sus derivaciones de política económica.

domingo, 25 de abril de 2010

La trampa mortal de la deuda pública externa

La Nación de hoy reproduce el artículo de Nouriel Roubini sobre la crisis griega disponible en Project Syndicate. A mi juicio, es lo mejor que se ha escrito en la prensa sobre el tema.

Completando el análisis de Roubini podemos señalar que la experiencia propia muestra que por más voluntarismo (y financiamiento!) que exista el Plan A fracasa y el Plan B se hace realidad, como en la Argentina del 2002.
La teoría económica puede explicar porqué esto ocurre, a pesar de que en el enfoque económico dominante esto no sea tenido en cuenta. La idea es que cuando existe atraso cambiario, esto es, cuando el tipo de cambio real de equilibrio es superior al tipo de cambio real vigente, los planes de salvataje basados en el financiamiento externo (blindaje, financiamiento del FMI o de la Unión Europea), incrementan el atraso cambiario, al aumentar el tipo de cambio real de equilibrio. Esta dinámica conduce inexorablemente al colapso del régimen cambiario como ocurrió en la Argentina del 2001. En el caso actual, la dinámica conducirá a la salida de Grecia del euro para permitir la depreciación y la vuelta de la competitividad y el crecimiento.

domingo, 11 de abril de 2010

La necesaria revisión del Presupuesto

Aldo Abram analiza la necesidad de que el Congreso revise el Presupuesto aprobado en diciembre en su columna en La Nación de hoy.

miércoles, 31 de marzo de 2010

La Prima CFK

En la revista The Economist del 31 de Marzo del 2010 se publica un artículo que analiza el intento del gobierno de hacer la paz con el mercado internacional de capitales para poder endeudarse a tasas razonables.
El gráfico muestra el gran aumento de la prima de riesgo a partir de abril de 2007 y el gobierno piensa que un canje exitoso de la deuda en default permitirá revertir esta situación.



Sin embargo, como lo señala Roberto Frenkel en un nota de opinión en La Nación del 28 de marzo, ese es un diagnóstico simplista.
Para que el gobierno y la empresas argentinas puedan endeudarse a tasas similares a las de sus contrapartes de Brasil, Chile y Uruguay, será necesario:
  • recuperar la credibilidad en las estadísticas que publica el INDEC.
  • realizar la consulta del artículo IV del FMI, esto es, la auditoría externa a la que están sujetos los países miembros de esa institución.
  • resolver el conflicto en torno de las reservas garantizando la independencia de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
  • garantizar los derechos de propiedad, esto es, no acosar más al sector privado con el método Moreno y el cambio en las reglas de juego.

Como lo señala The Economist, no hay signos de que esto pueda ocurrir durante el mandato de CFK.

sábado, 20 de marzo de 2010

Acuerdo para ordenar las cuentas fiscales o repetiremos la historia?

Daniel Artana en el artículo ¿Otra tragedia fiscal argentina? publicado en La Nación de hoy analiza el orígen de problema fiscal actual y realiza valiosos aportes al debate para su solución.

martes, 16 de marzo de 2010

El rol de un Banco Central independiente en la Política Económica

En un artículo publicado en el Cronista de hoy, Miguel Kiguel analiza el tema.

Un comentario: Si bien la política de garantizar la independencia del Banco Central hoy está dando sus frutos en Brasil, un política superadora hubiera consistido en combinarla con un fuerte superávit fiscal del 4% del PIB para evitar la apreciación de la moneda doméstica.
En toda la historia argentina esas condiciones (BCRA independiente y fuerte superávit fiscal) solo se dieron en el 2004, el mejor año de la economía kichnerista.

viernes, 26 de febrero de 2010

Las tres locomotoras de la inflación

José Luis Espert en una nota publicada en Ámbito Financiero realiza un acertado diagnóstico de las razones por las cuales Argentina ha vuelto a ser uno de los campeones en inflación:

Primero, la situación fiscal pasó de casi un 4% de superávit en 2004 a casi el 5% de déficit en 2010; un 9% de deterioro en poco más de 5 años con sólo uno de recesión (2009), recaudación impositiva nunca vista antes y con retenciones salvajes para apropiarse de la ganancia de términos del intercambio, también récord histórico.
Segundo, a pesar de que luego del conflicto con el campo ya se veía que la demanda real de dinero había dejado de crecer, el Banco Central siguió expandiendo moneda a más del 10%, pudiéndolo hacer por mucho menos no sólo para compensar con política monetaria dura el enorme deterioro fiscal que los Kirchner habían provocado sino porque en autarquía, como estamos nosotros (a diferencia cuando hay libre movilidad de capitales), la política monetaria tiene gran efectividad para controlar la inflación y afectar el nivel de actividad económica. Hoy, la cantidad de dinero apunta a un crecimiento delirante de más del 20% anual.
Finalmente, los salarios se están ajustando cerca del 22%/25% anual.

Cualquier plan antiinflacionario que pretenda ser exitoso deberá apuntar a corregir estos comportamientos, lamentablemente el gobierno mira el problema con anteojeras ideológicas, yerra entonces en el diagnóstico, y propone –como señala Espert- soluciones equivocadas.

viernes, 12 de febrero de 2010

Emisión del Bicentenario

Dos comentarios didácticos de Cavallo al respecto:

Otros dos artículos publicados en La Nación explican la motivación fiscal de la improvisada medida:

sábado, 25 de julio de 2009

Desempleo en EEUU y salida en V o W?

En un excelente artículo publicado en Project Syndicate, Nouriel Roubini, analiza la amenaza del desempleo en EEUU y los dilemas de política fiscal que enfrentan las autoridades económicas de ese país. Esto conduce a dudar de la anticipada salida en “V” pronosticada por los mercados en los últimos 3 meses, y de que hay riesgos de una recesión de caída doble en forma de "W".

viernes, 17 de abril de 2009

El ministro de economía que nos hubiera hecho falta

El economista en cuestión es Andrés Velasco, ministro de hacienda de Bachelet, quién supo resistir durante tres años a las presiones de legisladores oficialistas ansiosos por aumentar el gasto público en épocas de vacas gordas. Fueron memorables las palabras del senador Frei advirtiendo sobre la posibilidad de entregar US$20.000 millones a la derecha en el próximo gobierno, si no se implementaban políticas fiscales expansivas. El ministro no se inmutó y mantuvo la férrea disciplina fiscal.
Hoy, en medio de la crisis internacional, el ministro puede tomarse la revancha como lo señala Patricio Navia en la revista Poder:
Después de ser criticado por la Concertación por no gastar, ahora Velasco parece tener la llave para la victoria en diciembre. Si gasta bien –tanto en la acepción política como técnica de la palabra– Velasco puede convertirse en el facilitador de una victoria de la Concertación. Cuando reclamaba que no quería dejarle US$20.000 millones a la derecha, Frei no recibió respuesta de Velasco. El ministro ahora sonríe. Los miles de millones de dólares del fondo soberano que se incorporarán al gasto fiscal en 2009 le ayudarán a Frei a tener una oportunidad para derrotar a Piñera. Mejor aún, Velasco podrá alegar –correctamente– que la misma política de recia disciplina fiscal que permitió ahorrar en los buenos años ahora obliga a gastar. En eso consisten las políticas contracíclicas.

Y por casa como andamos …?

Sin un ministro idóneo y sin capacidad de implementar políticas anticíclicas genuinas entramos en recesión, mis estimaciones indican que la caída del PIB este año podría orillar el 4% (en un próximo post explicaré los fundamentos de este cálculo que a primera vista podría parecer alarmista). Está claro que en este contexto económico el desempeño electoral del gobierno no será favorable.

Y todo esto ocurre porque la calidad institucional y el proceso de selección de dirigentes (profesionalismo, meritocracia, etc.) en Chile es infinitamente superior al de Argentina.


Actualización (23/04/09):
en el cálculo del pronóstico de la caída del PIB para el 2009 se deslizó un error, ya que se omitió computar la contribución al crecimiento de la productividad total de los factores que supondremos +1.5%. Esto ocurrió al utilizar un modelo de corrección al equilibrio para el PIB potencial, computar el ajuste de las variables ante el desequilibrio (estamos 5.4% por encima del PIB potencial), tener en cuenta además, el efecto de las variaciones en endógenas rezagadas, pero olvidar la variable exógena! En síntesis, la variación del PIB para el 2009 se acercaría al -2.5%.

domingo, 8 de febrero de 2009

Economía clínica y medicina peligrosa

El método para la economía del desarrollo que Jeffrey Sachs (2005) propone en su libro El Fin de la Pobreza, denominado “economía clínica” (ver capítulo 4), se deriva del paralelismo existente entre los procedimientos de la medicina clínica y lo que sería una buena economía del desarrollo. Esta puede mejorar espectacularmente si los economistas del desarrollo toman en consideración algunas de las lecciones clave de la medicina moderna, tanto en el desarrollo de la ciencia subyacente como en la sistematización de la práctica clínica, al aplicar los conocimientos científicos en paciente concreto.
Lecciones de medicina clínica e implicancias para la economía del desarrollo:

La primera lección es que las economías, como las personas, son sistemas complejos.
El cuerpo humano consiste en procesos biológicos y bioquímicos de increíble complejidad. La división de la fisiología humana en un amplio número de sistemas interrelacionados -nervioso, circulatorio, respiratorio, digestivo, endocrino, inmunológico, reproductor y otros- apenas profundiza en los procesos biológicos subyacentes. Una fiebre provocada por un agente infeccioso puede provocar ataques cerebrales causados por la fiebre y no por la propia infección. Una insuficiencia cardiaca puede ocasionar una insuficiencia renal, que a su vez puede llevar a una insuficiencia hepática cuando el riñón no elimina del cuerpo ciertas toxinas peligrosas. Una pérdida de sangre puede hacer que fallen prácticamente todos los sistemas cuando el cuerpo sufre un choque. Los médicos de las salas de urgencias han de esforzarse por mantener todos los sistemas básicos funcionando a un nivel mínimo, no solo por el propio bien de los sistemas sino para evitar una espiral de catástrofes que paralizarían otros sistemas fundamentales. Una vez que empieza la espiral, puede resultar difícil invertirla, a causa de la complejidad y la rapidez de las fallas interrelacionados.

1° implicancia,
Al igual que ocurre con el sistema circulatorio, el respiratorio y otros del ser humano, las sociedades poseen sistemas diferenciados para el transporte, la energía, las comunicaciones, la aplicación de la ley, la defensa nacional, la tributación y otros ámbitos, y esos sistemas deben actuar como es debido para que la economía en su conjunto funcione adecuadamente. Como ocurre en el ser humano, la falla de un sistema puede causar fallas en cadena en otras partes de la economía.

La segunda lección es que la complejidad requiere un diagnóstico diferencial.

Un médico que atiende por primera vez a un niño con fiebre alta sabe que la fiebre pueden causarla muchos factores distintos. Algunas causas de la fiebre son peligrosas; otras no. Algunas son susceptibles de tratamiento; otras no. Algunas exigen atención urgente; otras no (excepto, quizá, para aliviar el malestar del niño). La fiebre puede ser resultado de varias clases de infecciones (bacterianas, micóticas, víricas, por protozoos), de traumatismos, de enfermedades autoinmunitarias, de cánceres, de envenenamientos y de otras causas. Dado que la fiebre es un síntoma y no una enfermedad específica, un tratamiento adecuado exige que el médico identifique la verdadera causa del síntoma.

2° implicancia,
Los economistas, como los médicos, han de aprender el arte del diagnóstico diferencial. […] Los médicos saben que pueden fallar en muchísimas cosas, y que un síntoma particular como la fiebre alta puede ser reflejo de decenas o centenares de causas. […] La economía clínica debería enseñar a los especialistas en desarrollo a identificar y abordar de manera mucho más eficiente las principales causas de las dificultades económicas, y a recetar remedios adecuados que se adapten a las condiciones específicas de cada país.

La tercera lección es que toda medicina es medicina familiar.
No basta con identificar la enfermedad del niño. Con el fin de tratar con éxito dicha enfermedad, es importante comprender el entorno social. ¿Son los padres capaces de proporcionarle tratamiento? ¿Sufre la madre alguna enfermedad, o bien pobreza extrema, malos tratos o alguna otra situación que le impida encargarse de que su hijo siga el tratamiento indicado? La herida de un niño, ¿es realmente fruto de un accidente o bien una señal de maltrato?

3° implicancia,
La economía clínica, como la medicina clínica, debería concebir el tratamiento en término «familiar» [o sistémico] y no solo individual. […] En resumen, para el FMI y el Banco Mundial puede estar muy bien decir a Ghana que liberalice su comercio, equilibre su presupuesto y atraiga a inversores extranjeros, pero esto resultará inútil si no se combina con reformas comerciales en los países ricos, la condonación de la deuda, el incremento de la ayuda financiera extranjera destinada a inversiones en infraestructuras básicas y el apoyo al conjunto de la región occidental de África para mantener la paz. En el caso de un país, la comunidad mundial entera forma parte de la familia.

La cuarta lección es que el seguimiento y la evaluación son esenciales para el éxito del tratamiento.
Los médicos llevan expedientes clínicos para conocer la evolución del paciente. Incluso un diagnóstico inicial meticuloso puede ser erróneo. Los análisis pueden dar falsos positivos o falsos negativos. Un niño puede padecer múltiples enfermedades, con lo cual incluso un diagnóstico correcto de una de ellas es una explicación parcial de las verdaderas razones de su estado. En muchos casos, solo un proceso meticuloso de seguimiento evaluación, análisis y nuevos análisis puede garantizar una recuperación sin problemas de la salud. Los buenos médicos, por lo tanto, no consideran que cada diagnóstico sea sacrosanto, sino la hipótesis mejor fundada del momento. La hipótesis bien podría confirmarse pero el médico está dispuesto a cambiar de opinión si los test sugieren un nuevo enfoque.

4° implicancia
La buena práctica del desarrollo exige un seguimiento y evaluación, y especialmente una comparación rigurosa de los objetivos y resultados. Cuando no se están alcanzando los objetivos, es importante preguntarse por qué y no tratar de justificar con excusas los consejos anteriores. En la actual práctica sobre el desarrollo, el FMI y el Banco Mundial rara vez asumen objetivos específicos de desarrollo como criterio para valorar la actuación de los países y, por extensión, sus propios consejos. Por el contrario, se juzga a los países sobre la base de las propuestas de actuación, y no de los resultados. A un país se le puede decir que rebaje el déficit presupuestario en un 1 por ciento del PIB; se le juzgará según lleve a cabo o no esa medida, y no en función de si la medida produce un crecimiento más rápido, una reducción de la pobreza o lleva a una solución a la crisis de la deuda. El resultado es que se cae en debates formalistas acerca de si se ha llevado a cabo o no una política concreta, y no sobre si, ante todo, esa política es la acertada.

La quinta lección es que la medicina es una profesión, y como tal exige unas normas, una ética y unos códigos de conducta sólidos.
El médico tiene, literalmente, poder sobre la vida y la muerte, y no resulta difícil aprovecharse de ese poder para obtener dinero u otras formas de ganancia personal. El juramento [hipocrático] recuerda a los médicos que no han de abusar del privilegio de su posición. Deben ofrecer opiniones en beneficio del paciente, y no para el suyo propio, y han de estar al corriente de los nuevos hallazgos científicos -entre ellos, nuevos procedimientos y medicinas- para garantizar una asistencia de la mayor calidad posible.

5° implicancia
Proporcionar asesoramiento económico a otros requiere un compromiso profundo en la búsqueda de las respuestas correctas y no conformarse con aproximaciones superficiales. Exige el compromiso de empaparse por completo de la historia, la etnografía, la política y la economía de la zona donde trabaje el asesor profesional. También requiere el compromiso de ofrecer consejos francos, no solo al país en cuestión sino también al organismo que ha contratado y enviado al asesor. No todos los problemas a los que se enfrenta el mundo empobrecido tienen su origen en él, ni todas las soluciones se hallarán en el buen gobierno, en políticas de ajuste, ni en otras reformas de mercado. Las verdaderas soluciones también exigirán un mayor alivio de la carga de la deuda, una mayor ayuda al desarrollo, una mayor apertura del comercio con los países ricos y otras medidas por el estilo.

A partir de este enfoque de la economía clínica se entiende la aparente paradoja, de que una política fiscal extremadamente expansiva, pueda ser una solución para la economía de EEUU que está al borde del abismo como lo sostiene Paul Krugman, mientras que en el caso de un país latinoamericano, aplicar esa receta, pueda constituir una medicina peligrosa como lo explica Eduardo Lora.

domingo, 1 de febrero de 2009

El diablo está en los detalles

Esta nota ha sido motivada por el artículo de José Luis Espert "Hay que cambiar el modelo" publicado en La Nación el domingo 11 de enero del 2009. Señala Espert que el modelo productivo nacido en 2002 va rumbo a una nueva frustración, y pasa a enumerar los tres factores explicativos del paupérrimo crecimiento anual de Argentina (2,8%) en el período que va desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días. Estos son:


1) el rechazo a la competencia comercial con el resto del mundo
2) el colapso de la educación
3) el crecimiento del gasto público

Aprovecharemos esta enumeración para demostrar que el diablo está en los detalles y que lo que también importa es el diseño y la implementación de las reformas, más allá de que estemos de acuerdo en los puntos antes mencionados.


En relación a la apertura comercial, como lo señala implícitamente Espert, existieron dos experiencias fallidas, la “tablita” de Martínez de Hoz y la “convertibilidad” de la década menemista, en ambos casos el error consistió en implementar la baja de aranceles en un contexto de atraso cambiario, en lugar de hacerlo con un tipo de cambio alto como sugiere la teoría. Respecto al modelo productivo, acordamos que no son los subsidios, la protección y/o promoción que permitirán generar las necesarias ganancias de productividad. Además, a nuestro entender un error grave de los últimos tres años fue asignar al Banco Central el rol de mantener el tipo de cambio alto cuando es sabido que –en el mediano plazo- es una tarea que está fuera de su alcance, solo el Tesoro puede mantener un tipo de cambio real alto en el largo plazo con superávits fiscales que incrementen el ahorro nacional.


Sobre el colapso de la educación, Espert propone concentrar el financiamiento público en la educación básica y aumentar la exigencia a través de exámenes nacionales que sean determinantes de la promoción escolar. Nos parece que la visión de Jeffrey Sachs en su nota "América latina puede salir del atascadero" es más acertada al señalar que América latina no ha aprovechado en forma adecuada las revoluciones tecnológicas globales como si lo han hecho los asiáticos. En el pasado, rara vez hemos dado especial importancia a las políticas nacionales tendientes a estimular la ciencia y la tecnología. Además como lo señala Sachs:
Si se lo propusieran en serio, Chile, la Argentina y otras naciones podrían convertirse en productoras agrícolas de alta tecnología y ponerse, por ejemplo, a la vanguardia de la biotecnología aplicada a la agricultura.
Sin embargo, los latinoamericanos todavía no han intentado fomentar una revolución tecnológica. Ciertamente, no con la atención, habilidad, compromiso y financiación que dedicaron los asiáticos. Tal impulso podría desempeñar un papel importante como trampolín del crecimiento económico.
De aplicar esta política, deberían comprometerse a gastar mucho más en proyectos de investigación y desarrollo, como lo han hecho los países asiáticos. Su objetivo debería ser llevarlos del actual 0,5 por ciento del PBI a un 2 por ciento, en parte brindando apoyo estatal a los laboratorios y las universidades, en parte incentivando al sector privado.

En definitiva, no sería solo un tema de educación básica, habría que generar un entorno que permita aprovechar también las externalidades que generan la educación superior, la investigación y las actividades de ciencia y tecnología.

Finalmente, Espert señala
el factor (tercero) explicativo más importante del paupérrimo crecimiento y del gran salto de nuestra volatilidad macro, desde el Rodrigazo del 1975 hasta ahora, es un gasto público que al crecer casi sin pausa provocó hiperinflaciones, confiscaciones de depósitos, rupturas de contratos y varios defaults de la deuda pública.
[…]
Las economías emergentes de alto y sostenido crecimiento muestran estados pequeños, con baja participación de los impuestos y del gasto público en términos del PBI y exiguos déficit fiscales y, a veces, hasta superávits
[…]
Pero como ya no alcanzaba ni con una presión impositiva salvaje, el gobierno de Cristina Kirchner inauguró en 2008 la etapa confiscatoria. La idea fija es la de siempre: gastar más, más y más. […]

Entonces propone:
Achicar el peso del sector público (bajando el gasto nominal) en la economía es un imperativo que debería hacerse sin demora. Es muy difícil crecer cuando la burocracia, el clientelismo, el amiguismo, la vagancia y la corrupción política se llevan casi la mitad del valor agregado del sector eficiente de la economía que es el que está en blanco.

A primera vista parece sensato, sin embargo, el planteo no luce correcto ya que fomenta el tradicional antagonismo entre quienes proponen menos Estado y quienes proponen más Estado. A nuestro juicio el verdadero desafío es el de construir un Estado eficiente, su tamaño no es lo relevante. En base a este diagnóstico se podrán consensuar una política de Estado. Está claro que en términos actuales, un Estado eficiente probablemente conduciría a un menor gasto público en porcentaje del PIB y en ese sentido Espert podría estar en lo cierto, sin embargo, como el diablo está en los detalles es necesario que el diagnóstico sea lo más preciso posible para no repetir los errores del pasado: el problema es la ineficiencia del Estado, la falta de una administración pública transparente, eficiente y competente. Hay que incrementar el profesionalismo y el status económico y social de los funcionarios, organizando el ingreso a la administración pública sobre bases competitivas para que las interferencias políticas en las decisiones administrativas sean la excepción y no la regla como en la actualidad.

domingo, 8 de junio de 2008

¿Irresponsabilidad monetaria o irresponsabilidad fiscal?

En varias oportunidades hemos comentado el desmanejo en la política monetaria y su rol en el proceso inflacionario, sin embargo, nunca nos hemos ocupado de lo fiscal. La nota de José Luis Espert sobre la política fiscal de los K publicada en La Nación del domingo 8 de junio se ocupa del tema. El autor es uno de los mejores analistas sobre temas fiscales de Argentina, y fué -junto con Mario Teijeiro- un visionario y crítico de la política fiscal en la Convertibilidad lo que hace que sus opiniones al respecto merezcan ser tenidas en cuenta. Entonces, el origen del problema actual, ¿es fiscal o monetario? En la actualidad, es probable que la culpa sea compartida, sin embargo, hemos hecho incapié en lo monetario, dado que en el 2005 cuando se agotó la brecha del PIB, no había mas razones para seguir impulsando una política monetaria expansiva y por el contrario se imponía un manejo contracíclico que moderase el aumento del consumo. Sin embargo, el Banco Central continuó con su política expansiva y contribuyó a generar un clima de auge y euforia, sesgando las expectativas de los agentes económicos privados y públicos, estimulando el consumo a niveles incompatibles con el crecimiento del producto potencial. En ese contexto, también se imponía un manejo contracíclico de la política fiscal, con incrementos del gasto público inferiores a los incrementos del PIB, lamentablemente la autoridades hicieron exactamente lo contrario -como se describe en la nota- y hoy en día el nivel del PIB está muy por encima de su nivel potencial. Es probable entonces, que el superávit fiscal del 1% del PIB calculado por Espert luzca aún demasiado optimista respecto del verdadero superávit estructural que habría que computar, deduciendo los ingresos fiscales extraordinarios originados en un nivel de PIB superior al nivel de equilibrio de largo plazo. En definitiva, irresponsablidad monetaria y irresponsabilidad fiscal se han retroalimentado conduciendo a la economía a lo largo de un sendero de expansión insostenible. Ya hay signos de que el proceso de corrección ha comenzado y algunos lo atribuirán al conflicto con el sector agropecuario, sin embargo, es necesario tener presente que el mismo de todas maneras se habría producido (más tarde o más temprano) independientemente de la voluntad del gobierno de enfriar o no la economía.